Qué te parecería si un buen día, un colega te dice que aquella descabellada idea de ir a grabar un disco a una isla del Caribe ha cambiado de espacio geográfico y que en vez del Caribe será en Marruecos, concretamente en Cheffchaouen?
Pues, dos semanas después, ya estamos en una avanzadilla: Mani de Guadiaro (el único que habla árabe),  Marc (el road manager), Javi (de Mestizo Promo) y yo mismo, Ferris (técnico de sonido), en medio de Chaouen, tomando un te con menta y hablando con un antiguo colega de Javi. Le exponemos el proyecto de habilitar una casa como  estudio de grabación, para trabajar y vivir allí durante un mes. Nos presenta una especie de intermediario-buscavidas que nos lleva a visitar una decena de casas, que van des de pisos de 50 m_ a un pajar, un almacén destartalado en medio de la montaña o una antigua cuadra sin techo. Empezamos a desmoralizarnos porque el hombre (Ahmed) parece que no entiende el proyecto (no es nada extraño, nadie puede imaginarse lo que realmente queremos hacer en Chaouen, como se demostró más tarde). Ahmed no entiende nuestra desesperación, él lo arreglaría todo con un albañil, una mano de pintura, unos colchones al suelo y muchas mantas para el frío, pero, claro está, poner cristales para las ventanas es lo único que no puede hacer… uf!
Por la noche comenzamos a pensar que el trabajo es mucho más difícil de lo que  imaginábamos, pero esperamos hasta el día siguiente para ver qué sorpresas nos esperan.
Ahmed parece que ya ha pillado un poco la onda de nuestras necesidades y visitamos una decena más de casas, esta vez en más buenas condiciones. Hay dos que podrían cumplir los requisitos: una es una casa palacio súper bonita, con el suelo y las paredes de mármol, una sala con tronos, pista de baile y  cuatro pisos para hacer lo que queramos; una pasada, pero muy cara. La otra es una casa particular en pleno centro de la medina de Chaouen, con  una gran sala circular en medio y todas las habitaciones alrededor y un piso encima.
Afortunadamente, mientras íbamos paseando por el pueblo, se ha corrido la voz, y, por la tarde, cuando casi no nos quedan esperanzas, Abdul el Gandul (un músico del pueblo que conocimos la noche anterior y que parecía entender nuestros propósitos), nos llevó a visitar una casa de unos parientes suyos que alquilaban para dar celebraciones varias y bodas. La casa es perfecta, la estructura y la distribución de las habitaciones parecen las adecuadas para el proyecto. Hablamos con los propietarios de las condiciones y del precio y todo parece bastante correcto.
Al atardecer salimos hacia Asilah, el otro pueblo que teníamos que visitar por encargo de los Dusmi, para así poder tener una abanico más amplio de posibilidades. Más visitas a media decena de casas; sucede lo mismo que en Chaouen, no nos entienden y las casas no se adaptan a nuestras necesidades, excepto la última que visitamos, que es como un chalet a las afueras del pueblo, pero no está acabado.

Vuelta a Barcelona. Reunión con el grupo para explicar todas las posibilidades. Opiniones, divergencias, discusiones, etc. Al final, la decisión la tengo que tomar yo, como técnico, con el fin de asegurar que las condiciones para montar un estudio serán les adecuadas para llevar a cabo la grabación del nuevo disco de los Dusminguet.
O.k. La última casa de Chaouen es la que tiene más puntos para vivir y trabajar durante un mes. Todo el mundo de acuerdo, ahora viene el lío...  Planificaciones, presupuestos, papeles, permisos, reuniones, etc., todo un mes de trabajo y preparativos que quedaron de la manera siguiente:
- Primero teníamos que bajar un grupo de cuatro personas para habilitar la casa como vivienda y convertir tres habitaciones en estudio.
- Después tenía que bajar el resto del grupo, en furgo, con el material propio: instrumentos y backline.
- Mientras, nos llegó el material de sonido necesario para la grabación (en avión hasta Casablanca y con transportista hasta Chaouen), alquilado a la gente de FX RENTALS en BCN. (Gracias por confiar y apoyar nuestro proyecto, seguramente otros al olerse todo el jaleo nos habrían mandado a la mierda).

Así pues, con una mano delante y otra detrás, Tomás, Carlos, Joan, Musta, y un servidor somos la avanzadilla.
La primera premisa y la clave de todo para la supervivencia en Marruecos (y en otras partes) es LA PRISA MATA. Si un occidental consigue asimilarla y hacer de ella su aliada, ya tiene mucho ganado. Solo en momentos de nerviosismo avanzado te puede volver momentáneamente el ramalazo de la prisa y el estrés occidental. Pero, afortunadamente, con la mente abierta y la convivencia con otro estilo de vida, te cambia el chip de forma agradable y sin traumas.
La segunda premisa es el arte del regateo. Nada tiene el valor que te dicen inicialmente y la gracia esta en el tira y afloja, tanto del comprador como del vendedor; todo bien aliñado con unos tés a la  menta, unas pipas de Kiff, y unos apretones de manos que cerrarán el trato como si fuera una firma en un contrato. Pues con las premisas bien claras, nos dividimos en grupos de trabajo y en un par de días ya lo tenemos casi todo controlado, tanto el estudio como la vivienda.
Necesitábamos alfombras para sonorizar la cabina de control y hacer puertas dónde no había. Tuvimos que recorrer todas las tiendas de alquiler de alfombras y comprobar la calidad, los colores, el grosor, el diseño; y regatear y pactar un alquiler para un mes (1000 ptas. la alfombra). El inconveniente fue tener que bajar desde la parte alta del pueblo y atravesarlo. Cuatro de nosotros tuvimos que cargar tres alfombras cada uno (2m x 1,5.x 4cm aprox.), ya que no había acceso a ningún vehículo y no había burros a la vista. El espectáculo fue digno del mejor Buñuel en blanco y negro... ¿Grotesco? Como mínimo.
Tuvimos que seguir el mismo proceso que con las alfombras para conseguir 11 colchones de espuma para la sonorización de la sala de grabación. La forramos toda con los colchones y con fibra de vidrio y material absorbente (que trajimos de BCN) para sacar las resonancias y conseguir una sonoridad óptima. Con los de la tienda de colchones el acuerdo fue alquiler con opción a compra,  pagábamos el importe total de los colchones y, si al final del mes los devolvíamos, nos lo devolvían todo menos el alquiler (500 ptas. por colchón).
El último paso fue  buscar un vidriero para que hiciera una instalación de dos dobles cristales para la pecera de separación entre la cabina de control y la sala de grabación. Aquí es dónde se demostró que la imaginación no tiene límites y que, en pleno siglo XXI, si no tienes la tecnología a tu alcance, tira de la chapuza, pero de aquéllas que consiguen aguantar hasta el último día y sin problemas (a excepción de una pequeña grieta en uno de los cristales interiores, que el primer día medía 1 cm de largo y el último 1 m). Las medidas de los cristales eran de 1,35m x 1,60m x 3cm. El trato con el vidriero fue de alquiler con opción a compra, pero al final se los pagamos íntegramente, porque para desmontarlos tuvimos que romperlos. ¡Olé con la chapuza! 
El segundo día, mientras íbamos instalando todo el material, llegó el resto del grupo y comenzó a aclimatarse al pueblo, a las costumbres, a la casa ya catar todas las clases y calidades de hash de la zona. Todo empezaba a tener buena pinta, sólo faltaba lo más importante: el material de grabación.
Varias llamadas telefónicas nos permitieron seguir el rastro del equipo. Todo indicaba que había salido de la  península, de hecho, ya debería haber llegado a Chaouen. Otro día de espera, nervios. Seguimos llamando, pero nadie sabía decirnos que pasaba, parecía que no había salido de la península aún.
Otro día de llamadas, dicen que sí, que saldrá mañana y que en dos días lo tendremos. Mierda, todo se complica, más nervios.
Mientras el grupo se iba instalando en la sala de grabación e iba ensayando y arreglando temas, yo aproveché para afinar la batería, buscar la mejor posición para grabar y terminar algunos detallitos, pero poca cosa más. Así que aquella tarda me fui a jugar un partido de fútbol contra los jóvenes del barrio. Esto se convirtió en una costumbre para la gente del grupo. Dos o tres veces por semana había partido y un servidor, por cuestiones de trabajo, sólo podía verlo en diferido, en la cámara del grupo, los días que alguien filmaba el partido.
Ya llevo una semana en Chaouen y la inactividad y la falta de información verídica sobre el paradero del material me hacen alterar los nervios (y no sólo a mí). Empezamos a dudar que el proyecto se pueda llevar a cabo y sopesamos otras opciones: ir a gravar a otro estudio en Casablanca o en Rabat, volver a España, gravarlo a lo cutre, ¡uf! ¡uf! ¡uf! 

Día X: esta mañana me han confirmado des de la aduana,  que el material llegará a Casablanca en avión a las 17h. Tengo que creérmelo, informo al grupo que pillo la furgo y me voy cagando leches hasta el aeropuerto de Casablanca. Hay gente que no quiere, que dice que puede ser una falsa alarma, pero les digo que quedándome en Chaouen tampoco soluciono nada. El asunto se ha convertido en algo personal y me siento responsable de que el material llegue a Chaouen, por algo he sido yo el que ha coordinado el tema de la grabación. Musta (cocinero-traductor-buscavidas-interlocutor-filósofo-músico-y-bellísima persona en el orden que queráis) y un servidor cogemos la furgo y nos vamos pitando hacia Casablanca, con el  tiempo justo porque era viernes (12h) y a las 17h cerraban las aduanas del aeropuerto y el día siguientes, como era sábado no sabíamos con qué nos podíamos encontrar. Hacer unos 400 km a todo gas por las carreteras de Marruecos no es demasiado agradable, pero con un copiloto como Musta el viaje se hizo más llevadero.
El único problema nos lo encontramos al llegar a Casablanca, cuando un policía nos quiso multar y yo me negué a ofrecerle un soborno para olvidar la multa. El tipo se puso chulo y me amenazó con mandarme al talego, y gracias a un "je ne comprend pas" y  "je suis desolé", el pavo nos dejó proseguir con cara de malas pulgas y sin un duro. Quién haya viajado en coche por Marruecos seguro que le resultará familiar el tema de las multas por la cara y los sobornos. Pues, por culpa del incidente, llegamos al aeropuerto a las 18h y nos fuimos a saco al muelle de descarga de aviones y después de mucho indagar, descubrimos que SÍ, que efectivamente el equipo había llegado. Con gran alegría, pudimos ver las Fligthcases encima de un palé y al lado de un baúl, que pensé que serían los pies de micro, y, ¡coño!, qué metida de pata, porque era un ataúd con un muerto recién llegado de España, junto con el equipo.
Después de conversaciones y llamadas con los agentes de aduanas, que se comportaron de maravilla con nosotros (nada que ver con los funcionarios de cualquier otro sitio dónde haya ido) y no nos aceptaron ni una propina, nos dijeron que la mañana siguiente nos dejarían sacar el equipo.
El día siguiente tuve que implorar a la directora de aduanas de Casablanca que por favor nos dejase sacar el material sin el dichoso carnet ATA, que parecía que se había extraviado, redactando en mi pasaporte una nota que decía que yo era el propietario y  único responsable de aquel material, con el riesgo que eso suponía. ¡Ay de mí que no saliera todo el material de Marruecos! Supongo que la cara de hecho polvo, las odiseas que le conté, la cara de niño bueno que puse y mi francés de E.G.B. enternecieron a la mujer y conseguimos lo imposible: saltarnos la BURROCRACIA.
De regreso a Chaouen sólo tuvimos dos intentos más de multas o sobornos, pero finalmente, el sábado por la tarde estábamos en casa.

La descarga de la furgoneta creó gran expectación entre los vecinos y las caras de sorpresa y las preguntas que nos hicieron nos confirmaron que aún no habían entendido que carajo estábamos haciendo allí. Pensaban que habíamos venido solamente para ensayar y flipaban con el montaje de las alfombras, los colchones y los cristales. Aun nuestras explicaciones, hasta que no pasaron unos días y nos vieron trabajar no se hicieron a la idea.
Toda la tarde y parte de la noche del sábado la dedicamos a hacer la instalación del equipo, ajustar las máquinas y comprobar que todo funcionase correctamente. El domingo por la mañana todo estaba listo para las primeras tomas de sonido de la batería. Una vez estudiada y decidida la posición correcta de los micros, hicimos unas cuantas tomas de sonido y no dimos cuenta que todo sonaba súper bien y que el estudio había quedado técnicamente correcto y, además, súper acogedor para los 20 días y pico de trabajo que nos quedaban. POR FIN... SUBIDÓN.

A partir de aquel momento, la rutina diaria consistió más o menos en despertarse para abrir la puerta al panadero, que daba los buenos días con una sonrisa de oreja a oreja, y nos dejaba el pan y las pastas del día. Después, el desayuno y, para los que aquel día les tocaba gravar: empezar a grabar, escuchar las grabaciones, decidir las tomas buenas, hacer unos tés, unos relajitos y más grabaciones hasta la hora de la comida.
Los manjares merecen un comentario aparte. Musta era el encargado de abrirnos otros sentidos, que no el del oído (era el único momento en que lo dejábamos descansar), dando paso al deleite exquisito de una inacabable serie de platos de cocina marroquí que Mus había aprendido de su madre y había ido perfeccionando con el paso de los años. Después, un buen té y una siesta (no siempre). Por la tarda, continuábamos con la misma rutina de la mañana, hasta la hora de la cena, cuando se nos desvirgaba el olfato y el paladar otra vez con una orgía de platos cocinados con las hierbas y las especias que hay en Marruecos. El buen funcionamiento del apartado técnico era tan importante como el del apartado anímico. Por eso, el trabajo hecho detrás de la puerta de la cocina merece este comentario especial, porque los subidones anímicos de después de saborear aquellos platos eran imprescindibles para continuar el día con el buen rollo que nos caracterizó durante el mes de estancia en Chaouen. Creo que todos los componentes del grupo, así como todos los colegas que vinieron a visitarnos, estamos súper agradecidos a Mus por el trabajo que hizo.
Así fueron pasando los días y fuimos cumpliendo el calendario de grabaciones casi a la perfección. El que no trabajaba aquel día (en mi caso sólo tuve dos días de descanso), hacía lo que quería: pasear, dormir, ir de excursión, de compras, tocar con algún músico del pueblo, hablar con la gente, ver algún partido del Barça con la peña de Chaouen, unas fumaditas... Y eso sí, recuerdo que excepto en algunos momentos de cansancio o nervios (inevitables), todos llevábamos una sonrisa y una alegría a la cara, que dudo que el mismo trabajo hecho en cualquier otro sito de occidente nos hubiese dejado tan buen sabor de boca y estas canciones.
El resultado del proyecto fueron las 24 canciones, 30 días de convivencia con otra cultura, 50 colegas marroquíes, 100 por 100 de respeto entre nosotros, hacia la gente de Chaouen, y de la gente de Chaouen hacia nosotros y  mil y una noches para recordar esta maravillosa experiencia.
Y también un sentimiento de rabia incontenible hacia todos aquéllos y aquéllas que no saben respetar ni ver en otras culturas la riqueza y la diversidad que las hace grandes.
 
 
 

BISLAMA MAROCCO.

Ferran Aromí (tecnico de sonido de Dusminguet)